Tesis Doctoral de Mónica Palacios

Directores. Dr. Salvador Simó, Dr. Ángel Martinez Hernáez, Dra. Montse Vall

Resumen (por la Doctoranda Mónica Palacios, profesora de Terapia Ocupacional de la Universidad Andrés Bello de Chile)

El tema de investigación es Ocupaciones colectivas, sentido de comunidad, y su relación con bienestar/ malestar psicosocial, de grupos de esquina de jóvenes transgresores de sectores populares de la Región Metropolitana, en Chile? Lo psicosocial es asumido desde perspectivas criticas donde lo intersubjetivo (psico) es producido por condiciones sociales de vida.

Para la Terapia Ocupacional [TO], las ocupaciones son lo que las personas hacen, la relación entre lo que
hacen y quiénes son, a través de la ocupación las personas están en un estado permanente de
posibilidades de cambio (Wilcock, 1998); Nelson (1988), propone que el desempeño ocupacional resulta de una relación dinámica entre ocupación, persona, significados y propósitos.

Las comprensiones sobre ocupación emergen en momentos sociohistóricos determinados, sintonizándose
con paradigmas dominantes de la época (Palacios 2013). Entre los años 80-90, se desarrollan modelos de
TO, donde la ocupación se asume como intermediaria entre la persona y el contexto, relevando los
significados individuales de las ocupaciones. Actualmente, el concepto ocupación se ha discutido con
miradas centradas en cultura, procesos de socialización y aquellas más críticas de la TO social (Guajardo
en Trujillo, et al, 2011).

Esta investigación se sitúa desde una perspectiva social de la TO, en la emergencia de un paradigma crítico que sintoniza con la ruptura contra-hegemónica y pretende situar la ocupación como construcción social, entendiéndola como expresión colectiva de la cultura, la historia y sus aspectos materiales.
Este planteamiento es posible gracias a la propia experiencia de la investigadora, en prácticas con
comunidades y colectivos que muestran que las ocupaciones colectivas [OC] potencian el sentido de
comunidad, generando la posibilidad de cohesión, bienestar, pertenencia e identidad social (Maya Jariego,
2004). Así como también tienen la posibilidad de generar incomodidad y malestar.

La noción de OC desarrollada por Ramugondo y Kronenberg (2012) plantea que toda ocupación es
colectiva en tanto surge en la interacción con otros, resolviendo la dicotomía individuo/colectividad. O como plantea Buber (1984), no existe el yo sin el otro (tu, ello), es decir el hombre solo existe en relación.
Las teorías dominantes acerca de la ocupación expresan las perspectivas de una minoría de la población
mundial (Iwama, 2005; Kronenberg, Pollard, y Sakellariou, 2011; Ramugondo y Kronenberg, 2012). Esta
aseveración es homologable a la idea de las perspectivas hegemónicas en todas las dimensiones humanas
(Sousa Santos, 2009). En la TO, la hegemonía sobre las maneras de pensar la ocupación nos ha
condicionado a actuar desde la individualidad y por tanto a no visibilizar las ocupaciones colectivas en tanto experiencia humana transversal.

Así las perspectiva de OC se han abierto camino desde las prácticas, especialmente en países donde la
pobreza, las injusticias y el atropello a los derechos humanos han sido parte de su historia, en esos lugares
los TO que han trabajado con poblaciones vulneradas han contribuido a la construcción de sentido de
comunidad a través de ocupaciones colectivas.

El espacio de las OC es la vida cotidiana (Pampliega de Quiroga y Racedo (2003), siendo ésta, la
cotidianidad de la comunidad, las acciones y omisiones cotidianas del barrio, población, la persona en
relación con los otros (Palacios, 2012). Es en ese espacio de la vida cotidiana de las comunidades donde
emerge el sentido de comunidad. Acerca del concepto de comunidad, autores como Krause (2001) y
Martínez (2006) plantean que actualmente se ha ido desvaneciendo la noción de territorio físico de las
comunidades, estableciéndose redes y agrupaciones de personas que no comparten territorio, la red social
ha reemplazado las relaciones de barrio. Por otro lado para Montero (2004) comunidad y sentido de
comunidad forman parte de un mismo momento.

El sentido de comunidad ha sido definido por McMillan y Chavis (1986) como el sentimiento de formar parte de algo mayor, un sentimiento compartido de que las necesidades colectivas serán asumidas con la
cooperación de todos, la noción de un ?Nos-otros?, reivindicado por Sennett (2000), en la necesidad de su
reconstruicción. Sin embargo, cada vez aumenta más el crecimiento del individualismo y la caída del sentido comunitario. Si bien aparecen nuevas formas de participación social como las redes sociales en internet, éstas muestran el proceso de individualización y la aparición de ?comunidades? en función de intereses individuales que desarrollan relaciones supeditadas a dicho interés.

Surge la necesidad de rescatar la noción de territorio como el espacio de la vida cotidiana donde se generan sentidos y significados, como una manera de reencontrarnos como seres humanos, se trata justamente de rescatar el sentido de comunidad. Esta idea remite a rescatar los vínculos de confianza y de reciprocidad entre integrantes de un barrio o comunidad de vecinos, en el sentido de quienes comparten un territorio emocional, historiográfico, cultural etc. (Maya Jariego, 2004).

Dada la experiencia de trabajo comunitario puedo dar cuenta que el sentido de comunidad genera cohesión y bienestar psicosocial dependiendo del contexto sociohistórico donde se construye, la dimensión comúnmente estudiada sobre bienestar psicosocial alude a la noción de salud mental positiva (Asociación Médica Mundial, 1964), especialmente en situaciones de mayor vulnerabilidad social. Desde 1946, la Organización Mundial de la Salud [OMS] define la salud como el estado de bienestar físico, mental y social y no solo la ausencia de enfermedad (OMS, 2003; Yakarta, 1997; Carta de Ottawa 1986).

Las situaciones de salud/enfermedad no están aisladas, hay condiciones multidimensionales que las
afectan, por tanto la incorporación de perspectivas provenientes de las ciencias sociales aportarían a la
compresión de éstas, al respecto la OMS (2008) ha acuñado el concepto de determinantes sociales de la
salud, pese a ello, aun faltan investigaciones que validen estas perspectivas y relacionen con bienestar
psicosocial. Un aporte surge desde el movimiento de salud colectiva, que comprende la salud como una
construcción social en un contexto determinado (Sacchi; Hausberger; Pereyra, 2007).
Esta noción de salud relacionada con bienestar o malestar, adquiere una particularidad de acuerdo al sujeto donde se sitúa (Basabe, 2004), esta investigación sitúa el tema en jóvenes transgresores, entendiéndolos como el grupo de jóvenes que transgrede el sistema con sus actos. Esta expresión en los sectores vulnerados adopta el rostro de consumo de drogas e infracción de ley, generándose desde el discurso público y las políticas sociales una relación lineal entre joven pobre/vulnerable y consumo de
drogas/delincuencia, como origen, causa y consecuencia de los problemas psicosociales de la juventud.
Tradicionalmente el joven ha sido estudiado en su dimensión individual, en esta investigación se asume al
joven como sujeto colectivo, en la forma de grupo de esquina, siendo ésta una categoría en Latinoamérica
para distinguir a los grupos de jóvenes de sectores populares que ocupan las esquinas como un lugar para
estar y hacer sus actividades (Ternera 2004), pudiendo o no constituir agrupaciones u organizaciones
juveniles de la calle (Cerbino y Barrios, 2008).

Es así que los jóvenes infractores de ley y/o consumidores de droga, constituyen un grupo social que es
motivo de preocupación para la sociedad. En Latinoamérica y particularmente en Chile viven en la pobreza, desempleo, narcotráfico, hacinamiento, etc. siendo un grupo social vulnerado en el derecho a educación, trabajo, salud, desarrollo y oportunidades (Viñas, 1983), aumentando con todo ello sus problemáticas psicosociales y de salud.

Consecuente con la mirada propuesta, el estudio pretende involucrar a los jóvenes en el diseño de
estrategias de acción destinadas a transformar las condiciones a la base del malestar psicosocial. Así el
proceso investigativo desde la praxis posibilitaría el reconocimiento y la recuperación de poder de los
colectivos (Clemente, 1992a).